Una vez soñado, solo queda lograrlo. 

Una vez soñado, solo queda lograrlo. 

Hago parte de los millones de personas que viven en un mundo, donde seguir viviendo es puro desafío, donde seguir caminando va de la mano a la destreza de soñar despierto para no dejar la situación nos sucumbe. Nacimos en lugar tan desmesurado, donde comer se ha convertido en un lujo, y la mínima comodidad en una mera utopía.

Soy parte de los que se han mantenido de pie, a pesar de las peripecias les descuarticen, a pesar del infortunio y del malvivir, pero nunca se rindan, de los que nunca se quejan de la realidad, aunque sea una gigante muralla que les separa de lo que quieren, y les aleja de sus más intensos deseos.

Soy de lo que sufren, pero corriendo, de los que avanzan aunque sea un paso a la vez o caída tras otra.

Nos levantamos a diario a contrarrestar a la crisis, a la caída precipitada de la economía de nuestra ciudad. A cada amanecer, nos enfrentamos a las dificultades nuevas y a las rezagadas, porque no nos queda otra alternativa que dar la pelea, avanzar sin importar el costo ni el sacrificio.

Lo hacemos a cada sol saliente, porque desde la primera vez que soñamos con hacer de nuestra vida, un ejemplo a seguir para alentar a los que sufren, no podemos abandonar la carrera. Solo queda alcanzarlo y trazar nuevo rumbo para aquellos caminantes solitarios que sigan un paso a la vez deambulando en el valle de la desesperanza.

Hemos llegado hasta aquí soñando, hemos alcanzado llegar, no como si fuera posible humanamente, sino mirando a lo imposible con la vista en lo sobrenatural. No nos hemos desfallecido, porque nuestra vista esta puesta en esa esperanza que mantiene nuestro aliento al máximo, aunque se escasean latidos en nuestros pechos.

Estamos aquí porque lo habíamos soñado, porque hemos pasado tiempo imaginándolo, por lo tanto, no queda nada más que alcanzar lo soñado y poder disfrutarlo. Sabíamos que no iba a ser fácil, pero no imposible, nos aferramos a la posibilidad que teníamos para desarticular los argumentos de imposibilidad que rodeaba nuestra meta.

Lo queremos porque lo quisimos,
lo disfrutaremos porque antes de tenerlo, lo habíamos saboreado.

No nos limita la dificultad, no nos intimidan los que fracasaron en el intento. Nos alienta el hecho de haberlo palpado cuando era intangible e inalcanzable.

Somos parte de aquellos que avanzan aunque no haya camino marcado, de los que soportan cuando ya la fuerza ya no da, porque no nos queda otra opción, que tomar lo que una vez soñamos y festejar donde otros lamentaron.

Lo soñamos, lo planificamos y lo disfrutamos, sin importar el tiempo que nos tomo, sin medir las lagrimas que se derramaron, ni los sacrificios que hemos hecho.

Lo obtuvimos desde el primer día que lo soñamos,
por eso, no nos dimos por vencido, hasta no poseer-lo.

Ydragman

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